Creu lluminosa, creu de vida!

Parròquies Sant Joaquim i Sant Jaume

Todo empieza por la mirada de Jesús: mirada de entrega y perdón.

La nostra comunitat hem celebrat amb la comunitat de Santa Clara de Manresa les mirades de Jesús desde la creu.

Ens ha emocionat escoltar-lo en el testimoni de les creus de la guerra, de la immigració, ….ens ha omplert de llum tocar les seves llagues i abraçar-nos en la seva mirada d’acceptació incondicional.

Ens ha renovat en el seu silenci omplint-nos d’aromes de Vida en plenitud!!!!

Posem la nostra mà en la seva ferida i deixem-nos mirar pel seu amor….i la nostra creu, les nostres creus s’ompliran de vida!!!

Preparats per l’explosió de Vida amor i dansa!!!

La cruz es un lugar alto, elevado, «Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí», y un lugar obligado para muchos; desde el que surgen miradas muy diferentes: miradas turbadas y enturbiadas por el dolor y la desesperación, miradas que cuestionan la bondad de Dios y le interpelan; miradas de resignación impotente; miradas de iluminada esperanza…

Hasta el final, la mirada de Jesús fue a favor de la existencia, como fue toda su vida. Murió como vivió: mirando por los otros y hacia el Padre. Su última mirada fue una mirada libre, no cegada por el dolor, sino iluminada por el amor, poniendo en práctica lo que siempre proclamó: el amor y el perdón incondicional de Dios y su entrega a la causa del Padre, al cumplimiento de su voluntad.

Miremos hoy a la cruz y dejémonos mirar por El!

MIRADA A PEDRO

En el evangelio de Lucas leemos lo siguiente: Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!». Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro… Y Pedro, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente. Yo he tenido unas relaciones bastante buenas con el Señor. Le pedía cosas, conversaba con Él, cantaba sus alabanzas, le daba gracias… Pero siempre tuve la incómoda sensación de que Él deseaba que le mirara a los ojos…, cosa que yo no hacía. Yo le hablaba, pero desviaba mi mirada cuando sentía que Él me estaba mirando. Yo miraba siempre a otra parte. Y sabía por qué: tenía miedo. Pensaba que en sus ojos iba a encontrar una mirada de reproche por algún pecado del que no me hubiera arrepentido. Pensaba que en sus ojos iba a descubrir una exigencia; que había algo que Él deseaba de mí. Al fin, un día, reuní el suficiente valor y miré. No había en sus ojos reproches ni exigencias. Sus ojos se limitaban a decir: «Te quiero». Me quedé mirando fijamente durante largo tiempo. Y allí seguía el mismo mensaje: «Te quiero». Y, al igual que Pedro, salí fuera y lloré.

MIRADA A SU MADRE

¡Y cómo miraría a su madre! Los evangelios son parcos al respecto. Pero sabemos algo significativo: para ella, para María, fue su última mirada, desde la cruz: “Madre, ahí tienes a tu hijo”. Una mirada generosa y desprendida. Una mirada libre y liberadora, dignificadora, estimulante, responsabilizadora, esperanzadora, afectiva y sin prejuicios…, que ama, enseña a amar y genera amor. Ponte en la piel de María, su madre, y siente esa misma mirada hacia ti.

MIRADA AL LADO

«Hoy estarás conmigo en el paraíso» Jesús mira con comprensión, aceptación…no cierra sus ojos al dolor del otro sino que se compromete a aliviar, a sanar, a consolar,…no mira hacia otro lado… mirando más allá de su dolor y sus propias heridas, hace luminoso la herida del otro llenando de esperanza y paz el corazón destrozado

MIRADA HACIA ARRIBA

«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» Toda su vida Jesús vivió en total unidad y entrega al Padre, se sentía confiado en sus manos y le amaba. Confiaba. En la cruz no podía ser de otra manera. Su mirada se vuelve de nuevo al Padre para decirle lo mucho que lo quiere, lo mucho que confía en El….No hay amor más grande!!! Y en su mirada de Hijo amado estamos todos nosotros, haciendo nuevas todas las cosas con El, como El y por El.

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