Una alfombra de flores para recibir a Jesús

Parròquies Sant Joaquim i Sant Jaume

En vísperas de un día muy especial para nuestros niños y niñas de catequesis, que mañana recibirán a Jesús por primera vez en la Eucaristía, hemos vivido una tarde llena de ilusión, creatividad y fe compartida.

Junto con Nuria y Giovanni diseñamos una alfombra de flores pensada como un auténtico signo de acogida y celebración. En ella se representan unas manos abiertas, símbolo de nuestro deseo de recibir a Jesús con el corazón dispuesto; una copa llena de vino y un pan, que evocan el gran misterio de la Eucaristía; y una paloma de la paz, expresión de ese anhelo tan profundo de paz que llevamos en el corazón y que deseamos para todo el mundo.

La preparación de la alfombra ha sido una experiencia preciosa de participación comunitaria. Entre flores, colores y formas, todos hemos aportado algo de nosotros mismos: nuestro corazón, nuestras manos, nuestra pasión, nuestro color y nuestra personalidad. Cada pétalo colocado ha sido un pequeño gesto de cariño y de entrega, convirtiendo esta obra común en un reflejo de la riqueza y diversidad de nuestra comunidad parroquial.

Mientras trabajábamos entusiasmados en el exterior, preparando el camino para el paso de Jesús, dentro del templo otro grupo de mujeres de la parroquia vivía un momento igualmente hermoso. Reunidas para rezar el Mes de María, elevaban sus oraciones a Nuestra Señora de la Paz. Sus voces entonando cánticos marianos y el suave murmullo del rosario acompañaban nuestro trabajo como una melodía de fondo llena de fe y esperanza.

Fue especialmente emocionante escuchar esos rezos mientras, fuera, preparábamos la alfombra que mañana recibirá a Jesús sacramentado. De algún modo, la oración y el trabajo se unían en una misma ofrenda: unos con las manos y otros con la voz, todos con el mismo deseo de abrir nuestro corazón al Señor.

Mañana Jesús vendrá de una manera muy especial al corazón de nuestros niños. Que esta alfombra de flores, nacida del esfuerzo y la ilusión de tantos, sea un signo visible de la acogida que queremos ofrecerle. Y que Él llene nuestras vidas de su paz, de su amor y de su alegría, para que podamos compartirlas con quienes nos rodean.

Una tarde sencilla, pero llena de belleza. Una tarde en la que las flores, la oración y la comunidad han preparado juntos el camino para recibir a Jesús.

 

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