En la catedral, envueltos en la belleza de la Eucaristía crismal, hemos celebrado algo más que un aniversario: hemos celebrado la fidelidad de Dios hecha historia en la vida de Gerard, ordenado hace veinticinco años. ¡Veinticinco años de entrega, de servicio, de manos abiertas, de vida derramada!
Y al mirar atrás, solo puede brotar una palabra, repetida una y otra vez, casi sin medida: gracias. Gracias, Señor, por tanto amor. Gracias por haber llamado, por haber sostenido, por haber levantado en los momentos difíciles y por haber multiplicado la alegría en cada paso del camino.
Hoy hemos vuelto a experimentar que Dios no se cansa. No se cansa de amarnos, no se cansa de buscarnos, no se cansa de salir a nuestro encuentro. Hoy, una vez más, nos ha llenado con su amor y nos ha ungido con su perfume. Un perfume que no se queda en nosotros, sino que nos impulsa, nos envía, nos quema por dentro para ser presencia viva de su ternura en medio del mundo.
Y ese envío tiene un rostro muy concreto: los más pobres, los más pequeños, los predilectos del corazón de Dios. Allí donde la vida duele, donde la esperanza parece apagarse, allí nos espera el Señor.
Hoy damos gracias también por la comunidad. Por cada persona que ha caminado a mi lado, por cada historia compartida, por cada abrazo, por cada lágrima y cada sonrisa. Especialmente un gracias infinito a mis padres. Porque nadie recorre este camino solo. La vocación se hace carne en un pueblo, en una Iglesia viva que acompaña, sostiene y anima.
Gracias, Señor, por nuestra diócesis, por este camino que seguimos haciendo juntos. Gracias por la fraternidad sacerdotal, por la comunión que nos une y nos hace sentir parte de algo más grande, más hondo, más eterno.
Hoy no es solo memoria: es fuego. Es alegría que renace. Es impulso nuevo. Porque el mismo Dios que llamó hace veinticinco años sigue llamando hoy, sigue enviando, sigue confiando.
Que nunca perdamos la capacidad de asombrarnos. Que nunca se apague la alegría. Que nunca dejemos de amar.
Y que, como hoy, toda nuestra vida sea un canto de acción de gracias.
Gracias, Señor. Gracias por tanto. Gracias por todo.





